Se denomina transmisión mecánica a un mecanismo encargado de
transmitir potencia entre dos o más elementos dentro de una máquina. Son parte
fundamental de los elementos u órganos de una máquina, muchas veces clasificado
como uno de los dos subgrupos fundamentales de estos elementos de transmisión y
elementos de sujeción.
En la gran mayoría de los casos, estas transmisiones se
realizan a través de elementos rotantes, ya que la transmisión de energía por
rotación ocupa mucho menos espacio que aquella por traslación.
Una transmisión mecánica es una forma de intercambiar
energía mecánica distinta a las transmisiones neumáticas o hidráulicas, ya que
para ejercer su función emplea el movimiento de cuerpos sólidos, como lo son
los engranajes y las correas de transmisión.
Típicamente, la transmisión cambia la velocidad de rotación
de un eje de entrada, lo que resulta en una velocidad de salida diferente. En
la vida diaria se asocian habitualmente las transmisiones con los automóviles.
Sin embargo, las transmisiones se emplean en una gran variedad de aplicaciones,
algunas de ellas estacionarias. Las transmisiones primitivas comprenden, por
ejemplo, reductores y engranajes en ángulo recto en molinos de viento o agua y
máquinas de vapor, especialmente para tareas de bombeo, molienda o elevación
(norias).
En general, las transmisiones reducen una rotación
inadecuada, de alta velocidad y bajo par motor, del eje de salida del impulsor
primario a una velocidad más baja con par de giro más alto, o a la inversa.
Muchos sistemas, como las transmisiones empleadas en los automóviles, incluyen
la capacidad de seleccionar alguna de varias relaciones diferentes. En estos
casos, la mayoría de las relaciones (llamadas usualmente «marchas» o «cambios»)
se emplean para reducir la velocidad de salida del motor e incrementar el par
de giro; sin embargo, las relaciones más altas pueden ser sobremarchas que
aumentan la velocidad de salida.
También se emplean transmisiones en equipamiento naval,
agrícola, industrial, de construcciones y de minería. Adicionalmente a las
transmisiones convencionales basadas en engranajes, estos dispositivos suelen
emplear transmisiones hidrostáticas y accionadores eléctricos de velocidad
ajustable
La tracción delantera en los vehículos automóviles apareció
relativamente tarde, el primer coche con tracción delantera de producción
masiva fue el DKW F1 en 1931,1 y uno de los más famosos vehículos con este tipo
de sistema fue el Cord L-29 , vehículo de gran lujo americano. Pero sin duda el
que hizo época fue el Citroën Traction Avant de 1934 en adelante. Aunque eran
de sobra conocidas sus ventajas en cuanto a espacio libre bajo el suelo, y
simplificación del eje trasero que tradicionalmente había sido propulsor, hasta
que no se desarrolló la junta homocinética no tuvo su aceptación plena este
sistema. El verdadero impulso se lo dio en 1959 la aparición del motor
transversal, en el «Mini» que liberó un espacio considerable en el habitáculo y
abarató sobremanera los costes de fabricación al prescindir del grupo cónico.
Desde entonces todos los vehículos hasta un cierto nivel de tamaño y precio
llevan este sistema.
Otros automóviles que utilizaron el diseño de tracción
delantera incluyen el 1948 Citroën 2CV, 1949 Saab 92, el Auto Union 1000 en
1958 hasta que la producción se pasara a la nueva gama Audi, que hizo su
primera aparición en público en el verano de 1965 con el Audi F103. En 1969 el
Fiat 128 entre otros. En la década de 1980, las ventajas de la tracción y mejor
utilización del espacio, tanto para pasajeros como en el maletero, han hecho
que muchos vehículos compactos y de tamaño mediano lo adoptaran.
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